El regalo del mar

El Padre Bentham entra en Ironhook

musica:
https://www.youtube.com/watch?v=rcrn8Gng9NY

El penal de Ironhook era un avispero expectante el día que El padre Bentham vistió por primera vez el pijama de rayas. Conocía a casi todos y casi todos le conocían. Siempre había estado al otro lado de los barrotes. Les había proporcionado confesión. Algunos la buscaba de verdad, otros aprovechaban ese tiempo simplemente para poder cerrar los ojos y relajarse durante un momento en el que no tenían que mirar alrededor de soslayo buscando el omnipresente peligro de alguien queriendo ajustar cuentas. Les había proporcionado alcohol y tabaco, había llevado y traído cartas a la familia o a los compinches de fuera. Les había leído los periódicos a los iletrados, aprovechando para manipular la lectura y hacerla más amena a los oídos de la persona en concreto que escuchaba.
Pero nunca hubiesen imaginado que lo iba a trincar por asesinato, y que iba a estar tras los barrotes, entre ellos, la más selecta escoria de Doskvol.
Ni siquiera los guardias sabían muy bien cómo tratarle. Estaban acostumbrados a insultar y empujar a los reclusos, a intimidarlos y tratarlos como basura prescindible. Pero el Padre siempre había sido para ellos una figura de autoridad. Por su cargo eclesial, por su función apaciguadora en el penal, pero sobre todo por su porte altivo y la fuerza de su mirada. El semblante pálido y adusto de Bentham encajaba tan bien en aquel lugar, que a pesar de llevar solo un año frecuentándolo, se había mimetizado con él, y parecía formar parte de las paredes, del óxido de los barrotes, de la humedad del suelo, y del olor fétido a orín y sudor que no había manera de quitarse de encima una vez entrabas allí.
Bentham se cambió de ropa en silencio, doblando pulcramente su hábito. Se salvó de la obligada ducha a presión. Ningún guardia se atrevió a coger la manguera. Después cogió su hatillo, con la muda de pijama, sus cubiertos y el par de mantas que les daba a todo recién llegado y empezó el paseíllo que le llevaría a su celda, pasando por delante de todas las demás.
Cuando entró en el corredor, el escándalo de tazas entrechocando los barrotes era ensordecedor. Algunos tocaban en clave de mofa, otro en clave admiración y apoyo, otros por sencilla sorpresa y aburrimiento.
Julius avanzó por el corredor mirando a unos y a otros. Hizo algún que otro parco gesto para aquellos más conocidos o habituales de sus visitas. Su mirada era de satisfacción y tranquilidad. Muchos se sorprendieron de ello. No parecía que estuviese entrando en uno de los lugares más hediondos de Doskvol, o al menos no parecía el tipo de gesto de alguien que sabe que va a permanecer allí una buena temporada. Era como si fuese un día más de trabajo. Una rápida visita y de nuevo a disfrutar de la luz del sol. Algunos incluso lo creyeron así, y no acabaron de convencerse de que era un recluso hasta que no volvieron a verlo al día siguiente en el patio, como todos los demás.
Su primer compañero de celda se llamó Jerald. Un miembro de Las Hoces. Un auténtico matón de tomo y lomo, grande, pendenciero e intimidador por naturaleza. Miró a Julius cuando entró, evaluándole. El cura le mantuvo la mirada, y esto no pareció gustar a Jerald, que sin mediar más palabra le soltó un puñetazo que lanzó al cura contra la puerta que acaba de traspasar.
Julius se levantó sin quejarse, recogiendo su hatillo, y volvió a mirar a Jerald, que parecía enormemente complacido con su nuevo saco de boxeo.
- Jesus solía decir aquello de perdónalos porque no saben lo que hacen. Pero tú sí que lo sabes. Y como se te ocurra tocarme de nuevo lo vas a lamentar más que el hijo de Dios en su hora final.
Otro puñetazo se estrelló contra el arrugado rostro del viejo. Y después otro. Julius no era un gran boxeador, pero si tenía un aguante digno del más tenaz boxeador. Encajó la paliza como pudo, mientras los presos que tenían ángulo para ver lo que sucedía en la celda corrían la voz por todo el bloque.
Al día siguiente Benthan estaba amoratado y entumecido por los golpes, pero eso no le impidió dar su primer paseo por el patio y empezar a hablar con algunos de sus amigos allí.
El día siguiente Jerald apareció muerto en la cantera. Al perecer una roca golpeó accidentalmente su cabeza.
El siguiente compañero que tuvo fue Stiff. Un joven carterista, de los Sabuesos de Niebla. Tal vez en la corte, limpio y bien vestido podría haber triunfado como galán por su juvenil y atractivo aspecto, pero que aquí estaba sufriendo un calvario precisamente por ello. Lo habían convertido en una putita que se iban intercambiando entre varios presos invertidos y depravados.
- Mandaras este mensaje a los tuyos,- le dijo entregándole un sobre cerrado -. Y te prometo que ni a ti ni a nadie de tu gente le volverán a tocar un solo pelo aquí dentro.
Nadie volvió a tocar un solo pelo a Stiff ni a nadie de los Sabuesos. Y las relaciones fuera con los Sabuesos empezaron a mejorar notablemente. Esto y el asunto de Jeffry con los Exen Wolf hicieron que ambas bandas reconociesen que podían coexistir y ayudarse.

Desde aquello Stiff se convirtió prácticamente en el secretario de Benthan. Era el que recogía o entregaba la mayoría de los recados a los otros presos. Los habitantes de Ironhook pronto asumieron que Stiff era intocable, y él pudo de nuevo volver a salir al patio sin miedo a que lo encularan.
Julius salía poco. Escribía a diario varias cartas, que se entregaban al correo de inmediato y salían en todas direcciones. Pasaba mucho tiempo meditando. Stiff una vez se atrevió a preguntarle porque dormía tanto, a lo que el cura le respondía que no estaba dormido, sino que observaba la ciudad con los ojos cerrados. Stiff creyó que fanfarroneaba, pero con el tiempo y con las conversaciones que tenía en sus vis a vis con sus hermanos de banda, pronto empezó a darse cuenta de que el cura parecía tener siempre información de lo más actualizada sobre lo que ocurría fuera del Penal, y empezó a pensar si no sería cosa de brujería…
Tiempo después llego el asunto de los Lampblacks. El Padre Benthan estaba muy interesado en uno de ellos. Durante días se volvió más activo de lo activo de lo habitual, preguntando e indagando sobre el entorno de aquel tipo, y asegurándose de tener a la gente adecuada de su parte si la cosa se complicaba. Intentó conseguir un pincho, pero no hubo tiempo suficiente, así que optó por simplemente conseguir que le aislasen de cualquiera que pudiese ayudarle, y atacarle con sus propias manos.
No fue fácil. Era un tipo duro, y a pesar de pillarle por sorpresa se revolvió y golpeó salvajemente las costillas del viejo. El cura, haciendo caso omiso del dolor, le agarró del cuello como pudo y empezó a estrangularle. Ambos cayeron al suelo cuando ceso el forcejeo. Julius con un par de costillas rotas. El lampblack con el rostro desencajado por la agónica asfixia. Stiff y los amigos del cura le sacaron de allí y lo llevaron a su celda antes de que los guardias encontrasen el cadáver.
A diario aparecen cadáveres en Ironhook. A la guardia le da igual. Para ellos son escoria. Molestan, gritan, huelen mal y están siempre esperando un descuido del guardia para atacarle o intentar robarle. Es una prisión pequeña para tanto delincuente como hay en esta ciudad. Si de vez en cuando alguno desaparece, y ninguna persona importante de la ciudad pregunta por él, ellos tampoco lo harán. Una boca menos que alimentar, una celda más que ocupar por un nuevo preso…

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simaehl Raul_R

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